jueves, 2 de mayo de 2013

Querida Lian...

Querida Lian desde hace ya un tiempo tengo la tarea pendiente de escribirte esta carta, por lo que voy a tratar a continuación puedes pensar que en realidad solo te escribo para contarte mis penas pero sabemos que en realidad si te cuento todo este tipo de cosas es por que en realidad tengo en ti mas confianza que la que puedo tener en cualquiera de mis demás conocidos. Las dos sabemos que hay cosas en este mundo que solo se pueden exponer a personas de nuestra entera confianza, sobre todo lo concerniente a los sentimientos. Como ya viene siendo costumbre cada vez que te escribo te escribo para hablarte sobre el amor. Ya hace unos meses te escribí para contarte de algo que tampoco te tomó por sorpresa, que estaba enamorada, pero que por una serie de circunstancias no había podido tener lo que llamaríamos una relación con esta persona, también te dije que le veía poco y que en realidad esa era la mayor razón por la cual no nos manteníamos unidos y también te conté que nos habíamos mantenido distantes. El caso es que ahora no sé que decir, porque como te imaginarás lo que es el amor, tal y como yo lo veo, no desaparece por mucho distanciamiento que haya entre las dos personas, pero ¿qué pasa si en realidad lo que quieres, no, mejor, lo que necesitas es olvidar ese amor? De unos meses para acá me veo en la tesitura de querer olvidarlo. Probé con la teoría esa de "un clavo saca otro clavo" pero en realidad, cuando estás enamorada de verdad ese tipo de cosas no funcionan. No puedes evitar que en cualquier beso, cualquier abrazo, caricia o gesto se te venga a la cabeza la idea o pensamiento de que aquel otro lo hacía mejor o la otra de en realidad me gustaría sentir los brazos de la persona deseada... En efecto, todo esto me venía pasando y me adentré cada vez mas en una especie de bucle en el que buscaba a la persona que me llenase mas que aquel otro, pero sin ningún tipo de resultado. Una tarde encontré a una persona que en un principio me cayó bien, por el simple hecho de que se parecía al que yo mas quiero tanto en el físico como en la forma de ser y eso, en un principio, calmó mi sed. Sin embargo luego pasamos al punto siguiente y descubrí por primera vez que había encontrado a alguien con quien el recuerdo del que tiene mi corazón no se me venía a la cabeza, entonces calmó mi ansia y mi deseo de olvidar o al menos de atenuar ese doloroso recuerdo, en muy poco tiempo descubrí que podía estar perfectamente con él sin que se me viniera ni una sola vez a la cabeza el recuerdo del que tiene mi amor... Ahora es cuando todo se complica, porque contrario a lo que pueda parecer por lo que te cuento, en realidad yo sigo firmemente convencida de que estoy enamorada del mismo y eso, para mi gracia o desgracia, no creo que cambie por mas que quiera y por mas que el otro llene ese vacío, calme esa sed y el ansia... Te dejo lo mas complicado, dame tu opinión. Te lo ruego y por lo que mas quieras, imploro tu consejo...

viernes, 15 de marzo de 2013

El dibujante

Desde pequeña me han gustado los pianos. Nunca ha habido nada en el mundo que me llamase la atención que el sonido de un piano. Nunca aprendí a tocar el piano. Sabiendo esto, la pregunta es ¿por qué si me gustan tanto los pianos nunca aprendí a tocar el piano? La respuesta es sencilla pero no todo el mundo la entiende. Desde pequeña siempre he aborrecido todo lo nuevo que he aprendido. Por tanto, éste hecho me llevó a pensar que si en algún momento llegase a aprender a tocar el piano, terminaría aborreciéndolo. Y es que odiaría terminar aborreciendo algo que me encanta como en éste caso es el piano. Esto me trae a la cabeza una historia de un hombre que hizo lo que le encantaba desde que había sido muy pequeño. A este hombre le encantaba dibujar. Desde pequeño dibujaba todo tipo de cosas, personas, animales... Con el paso del tiempo, su técnica fue mejorando. Todos sus allegados admiraban sus dibujos y sus pinturas. Tanto era así que su fama creció y llegó a oídos de personas importantes en el mundo del arte y estas personas también alababan a semejante genio del arte. Un mecenas del arte vio su obra y le gustó tanto que le ofreció exponer en una de las más famosas galerías de arte. Él claro, aceptó la propuesta y muchas personas de gran influencia en todos los campos también vieron su obra. "De temática muy alegre." Decían unos " Una técnica muy depurada" decían otros. ¡Todo eran alabanzas para tan buen pintor! Pero, poco a poco, el pintor empezó a pintar cosas mas tristes. Sus oras seguían gustando tanto o más que al principio. Sin embargo, mientras todos adoraban su obra, el dibujante la odiaba cada vez mas. La razón era que nadie había logrado entender su obra. Todos creían entender su obra pero, lo que el dibujante leía y oía era lo más superficial en comparación con lo que él quería que todos viesen. Esa era la razón por la que su obra había llegado hasta el tenebrismo. Un día mientras vagaba con mirada triste por la calle, vio a un niño dibujar unos garabatos con una tiza sobre el asfalto. Se quedó un buen rato observando los dibujos y cómo el niño sonreía al trazar cada línea. "¿Te gusta mucho pintar?" Preguntó el dibujante. "¡Mucho señor!" Respondió el niño. "Quiero ser un artista de mayor y que todos admiren mis dibujos" El pintor miró al niño con ojos tristes, sacó un pequeño trozo de lienzo de su bolsillo y se lo dio al niño. Este, perplejo lo cogió y levantó la vista hacia aquel hombre triste. "Si te gusta tanto el arte como dices," dijo el hombre "no te dediques a él, terminaras odiándolo y te quedaras sin la razón que mueve tu vida." El hombre triste se marchó aquella tarde y nunca mas nadie supo qué fue de él. El niño, miró el pequeño lienzo, estaba doblado, lo desdobló. Tenía un girasol pintado con colores vivos y alegres. Había sido lo último que el pintor había pintado cuando el arte era su vida, perdiendo ese lienzo, perdió su vida.