viernes, 15 de marzo de 2013
El dibujante
Desde pequeña me han gustado los pianos. Nunca ha habido nada en el mundo que me llamase la atención que el sonido de un piano. Nunca aprendí a tocar el piano.
Sabiendo esto, la pregunta es ¿por qué si me gustan tanto los pianos nunca aprendí a tocar el piano?
La respuesta es sencilla pero no todo el mundo la entiende. Desde pequeña siempre he aborrecido todo lo nuevo que he aprendido. Por tanto, éste hecho me llevó a pensar que si en algún momento llegase a aprender a tocar el piano, terminaría aborreciéndolo. Y es que odiaría terminar aborreciendo algo que me encanta como en éste caso es el piano.
Esto me trae a la cabeza una historia de un hombre que hizo lo que le encantaba desde que había sido muy pequeño. A este hombre le encantaba dibujar. Desde pequeño dibujaba todo tipo de cosas, personas, animales...
Con el paso del tiempo, su técnica fue mejorando. Todos sus allegados admiraban sus dibujos y sus pinturas. Tanto era así que su fama creció y llegó a oídos de personas importantes en el mundo del arte y estas personas también alababan a semejante genio del arte.
Un mecenas del arte vio su obra y le gustó tanto que le ofreció exponer en una de las más famosas galerías de arte. Él claro, aceptó la propuesta y muchas personas de gran influencia en todos los campos también vieron su obra.
"De temática muy alegre." Decían unos " Una técnica muy depurada" decían otros.
¡Todo eran alabanzas para tan buen pintor!
Pero, poco a poco, el pintor empezó a pintar cosas mas tristes. Sus oras seguían gustando tanto o más que al principio.
Sin embargo, mientras todos adoraban su obra, el dibujante la odiaba cada vez mas. La razón era que nadie había logrado entender su obra. Todos creían entender su obra pero, lo que el dibujante leía y oía era lo más superficial en comparación con lo que él quería que todos viesen. Esa era la razón por la que su obra había llegado hasta el tenebrismo.
Un día mientras vagaba con mirada triste por la calle, vio a un niño dibujar unos garabatos con una tiza sobre el asfalto. Se quedó un buen rato observando los dibujos y cómo el niño sonreía al trazar cada línea.
"¿Te gusta mucho pintar?" Preguntó el dibujante.
"¡Mucho señor!" Respondió el niño. "Quiero ser un artista de mayor y que todos admiren mis dibujos"
El pintor miró al niño con ojos tristes, sacó un pequeño trozo de lienzo de su bolsillo y se lo dio al niño. Este, perplejo lo cogió y levantó la vista hacia aquel hombre triste.
"Si te gusta tanto el arte como dices," dijo el hombre "no te dediques a él, terminaras odiándolo y te quedaras sin la razón que mueve tu vida."
El hombre triste se marchó aquella tarde y nunca mas nadie supo qué fue de él.
El niño, miró el pequeño lienzo, estaba doblado, lo desdobló. Tenía un girasol pintado con colores vivos y alegres.
Había sido lo último que el pintor había pintado cuando el arte era su vida, perdiendo ese lienzo, perdió su vida.
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